Skip to main content

2023 Kaelsauvage. Todos los derechos reservados.

Me siento un poco nervioso. Observo el reloj de mi mano izquierda y me percato de lo rápidas que van las manecillas del reloj ¿Cómo puede ser que el tiempo juegue tanto con nosotros? Jugamos a su merced, pausado a veces, y otras tan acelerado.

Me dispongo a tocar el timbre. Al finalizar su pitido  se me abren las puertas sin preguntar. Como si me hubieran observado por algún hueco. Tu madre esboza una gran sonrisa y me abraza como un hijo más. Tu padre me acaricia el cogote y me hace su típico saludo. Tu abuela me funde en otro abrazo de los que quisiéramos que fueran eternos. Que bien se siente uno cuando te hacen sentir tan bien.

Me dispongo a sentarme en la mesa y, de repente, resuena el timbre. El príncipe ha llegado. Tu familia llena de júbilo va hacia a ti para darte su saludo más caluroso mientras sonríes sabiendo que pronto, ese momento, quedará en tu recuerdo. Nos miramos, nos abrazamos y con solo eso sabes lo agradecido que estoy por este gran momento.

Comienza el banquete. Tu madre nos sirve a todos, con la mejor alegría posible, ese cocido que ha estado elaborando toda la mañana para alimentarnos. Tu padre no te quita ojo, viendo que tú solo te bebes una litrona de esas que te gustan tanto. Tu abuela soltando chascarrillos y tu intentando pararle para que yo no descubra cuánto le ha subido el vino. Y, en ese instante, me doy cuenta de lo bien que es estar en familia, del amor que se respira.

Los recuerdos empiezan a emerger al mirarte y me doy cuenta que, al encontrarte, me descubrí a mi mismo. Hay personas que aparecen en tu vida para marcar un antes y un después. Al conocerte, hiciste que me reconociera, que me apreciara y me quisiera por quien era. Siempre tuviste el poder de hacerme grande y hacer sentirme bien. A entenderme cuando era un mar de conflictos, a ofrecerme tu hombro para recuperarme de cada caída y a llenarme de energía con un solo «que pasa mi príncipe, estás muy puto». Me hiciste ver que podía ser yo, realmente yo, sin temor al qué dirán y eso, querido amigo, no tiene precio.

Ahora te vas a otro lugar y debo aprender a vivir contigo con un mar en medio de nosotros. Sin embargo sé, que nuestra amistad superará fronteras, que un «eje» nos hará reír a pesar de la distancia, que una llamada nos reconfortará. Sé, que haya donde estés, estaré contigo.

«Eh Kael, te has quedado empanado» me dices mientras vuelvo ensimismado de mis recuerdos. En ese instante te miro, sonrío y te digo «Te quiero príncipe»

Leave a Reply