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El aire se siente denso, sobrecargado. Percibo en la sociedad una crispación. Un ahogo producido por la política de nuestros días. Echo la mirada al pasado y me pregunto-¿Dónde quedó la profesionalidad, la moral y la ética de nuestros líderes? Rebusco entre las hojas y no encuentro respuesta alguna. ¿Qué solución dar a momento tan tétrico?

El hartazgo de escuchar falacias, griteríos, niñeces dentro de un Congreso me supera. Estoy cansado de que la política se haya convertido en un recreo donde si insultan a uno, otro responderá <<y tú más>>. Cuando de pequeños nos enseñaron a responder al otro con educación, no se referían a esto. Se referían a escuchar, dar tu opinión y refutarlo con hechos o dialéctica, no con berridos.

Como ciudadano creo que el primer paso sería tener una actitud autocrítica de uno mismo, de entender cómo hemos llegado hasta aquí y, posteriormente, ser críticos y exigentes con el partido que hayamos votado para que cumpla su programa.

La izquierda de hoy no es la izquierda de Felipe González. La izquierda de hoy nos miente. Deberíamos dejar de escuchar a nuestros dirigentes y pedirles explicaciones de porqué nos mienten a la cara. ¿Por qué el Señor Presidente decidió mentirnos cuando sabía de antemano que su mujer estaba siendo investigada y rotundamente dijo que no? ¿Por qué deberíamos dejarnos amedrentar por un ministro que insulta a un ciudadano y hace pública una amenaza?

Tanto un polo como el otro de la política no me generan la confianza para que les vote. Partidos que van en contra de si mismos como fue el caso de Yolanda, Soraya y muchas más…Partidos que se encuentran bebiendo del frasco pagados por nuestros impuestos.

Ante este panorama, temo pero vaticino una posible guerra civil inculcada por nuestros propios políticos. Porque quieren una sociedad polarizada de <<o estás conmigo o contra mi>> y eso genera odio. En vez de escuchar y recolectar las buenas ideas de ambos lados, prefieren que no escuchemos a nuestro «rival», que no le demos la oportunidad de defenderse con argumentos, de desmontarnos los nuestros y llegar a un punto en común.

Y así ocurre, nos alientan tanto al odio que nos vemos obligados a tomar un nuevo rumbo. SE ACABÓ LA FIESTA, un «partido» (porque de momento no es un partido) creado de la falta de moralidad y ética. Una respuesta de la población por haber albergado tanta crispación, tanta corrupción, tanta mentira que el pueblo comienza a decir basta. A apoyarse en un mesías que, en un principio, quiere dar a toda la casta su merecido político.

Solo espero que, como ciudadano, podamos sentirnos escuchados, que nuestras aflicciones e ideas de mejora se lleven a cabo y podamos encontrar, por fin, un partido acorde a nuestra grandeza como sociedad

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